Como bien decía el lema de los tres mosqueteros: “todos para uno y uno para todos”. La capacidad del trabajo en equipo es una herramienta clave para el éxito de cualquier empresa.

Definiríamos el trabajo en equipo como el conjunto de un grupo de personas unidas por un objetivo común. Es imprescindible que los canales de comunicación estén claramente definidos. Los miembros del equipo deben sentir que son importantes en el proyecto y deben tener claro cuál es su rol dentro de la organización. El líder debe animar a que las personas a que aporten ideas y a facilitar que afloren los problemas que puedan existir en la organización, con el fin de mejorar.

Para trabajar en equipo necesitamos tener ciertas habilidades:

  • Empatizar y comprender al otro, es importante posicionarse en el lugar del contrario para entender cuáles son las necesidades de todos aquellos con los que trabaja.
  • Escucha activa, es fundamental saber escuchar al equipo con el que trabajamos
  • Respeto y sinceridad, debemos respetar  las ideas de los demás, ya que no siempre tendremos razón en nuestras consideraciones. A su vez, es fundamental que en un grupo de trabajo exista sinceridad, sin sobrevalorar sus ideas.
  • Capacidad analítica y de crítica, debemos ser capaces de realizar una crítica, ya sea positiva o negativa pero, siempre de manera constructiva para así, posteriormente ser capaces de tomar decisiones  fundamentadas en las opiniones de todos.
  • Capacidad de comunicación, es necesaria para poder aportar y hacer comprender nuestras propias ideas, y también resulta importante a la hora de debatir con el resto sobre sus propios razonamientos

Un buen ejemplo en donde se evidencia el trabajo en equipo es en el deporte, por ejemplo en el caso del fútbol todos los miembros del equipo deben colaborar y estar en la misma sintonía que el resto para poder ganar, desde el portero hasta el delantero e incluso el resto de compañeros que están en el banquillo.

Cada uno desempeña un rol, debe haber un líder (en este caso capitán en el campo y entrenador de forma conjunta) que traslade la estrategia del momento.

Cada jugador debe ser complementario a otro haciendo que sea un equipo heterogéneo. De nada vale que todos sean delanteros como tampoco pueden ser todos porteros, habrá quien pare, quien defienda, quien pase y quien marque, todo esto debe hacerse en perfecta coordinación para conseguir el objetivo común: ganar el juego.

Por Natalia Losilla.